Desde hace bastante tiempo cuando un árbitro yerra en alguna jugada conflictiva se me viene a la cabeza la misma pregunta, ¿y si fuera yo el que tuviera que tomar una decisión tan determinante en milésimas de segundos? Cierto es que en ese momento, más si tu equipo es el perjudicado, es complicado ser imparcial, pero muchas personas deberían reflexionar y hacer un ejercicio de autocrítica con urgencia. Me refiero, ni más ni menos, a los que, semana tras semana, justifican los errores propios escudándose en la siempre discutida labor de los árbitros. Porque lo ocurrido en el encuentro Atlético de Madrid – Valencia debería significar un punto de inflexión positivo en la actitud del sector más crítico con los colegiados. Me explico: pocas veces vemos rectificar a un colegiado como lo ha hecho Perez Burrull. La jugada ha sido clara. Penalty flagrante, por mano de Marchena, que no ve el árbitro. Con buen criterio, el colegiado ha consultado con el cuarto árbitro y ha decidido señalar la pena máxima.
En este momento ha entrado en escena el damnificado de la jugada, Carlos Marchena. El futbolista sevillano, en una actitud que, a mi juicio, deja mucho que desear, no sólo ha recriminado al árbitro su inocencia, sino que se ha permitido el lujo de dedicarle al colegiado una serie de gestos que no dejaban en buen lugar a éste; entre ellos, le ha tachado de caradura. Después de asistir perplejo a tan bochornosa escena, me pregunto si es que no son los propios profesionales los que deberían reflexionar sobre la esencia de este juego, que no es otro que la deportividad. Estamos entrando en una peligrosa espiral en la que todo vale con el fin de justificar las derrotas. La expulsión de cristiano Ronaldo a Mtiliga hace unas semanas no puede, en ningún caso, verse más allá de una decisión justa y no debe servir de baremo para valorar otras jugadas conflictivas, como hacen todavía los periódicos deportivos de mayor tirada del país.
Es cierto que los árbitros se equivocan, pero si analizáramos cada jugada conflictiva nos daríamos cuenta de que el árbitro cada vez está más desprotegido ante la falta de profesionalidad de muchos de los protagonistas principales. Hoy ha tenido que ser el cuarto árbitro quien corrigiera a su homólogo, pero para eso están, no lo olvidemos. Tiene la misma capacidad de obrar el árbitro principal que el cuarto. Ya es hora de recapacitar y atajar el problema desde la verdadera raíz, que no es otra que la falta de rigor de los que ejercen su profesión intentando engañar a los que deben juzgar. Marchena infringe las normas; el árbitro no lo ve y consulta a su compañero. Marchena lo niega y encima se marcha al vestuario convencido de su inocencia. Recapacitemos: el árbitro puede ver o no ver una jugada pero son los futbolistas los que deberían ser más honrados. Siempre juzgamos a los árbitros y pocas veces a los verdaderos culpables. O si no, ¿Por qué en Inglaterra no son frecuentes estas cosas? Por asuntos como este perdemos, en ocasiones, la condición de mejor liga del mundo.
28/2/10
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vaya chorrada de artículo ¿qué querías decir? nada, pues lo has conseguido. paquete
ResponderEliminarEEEEEEEEEEEE Anonimo un respeto al señor Carlos.Tiene mucha razón en lo que dice, lo unico que le falta por decir para mi forma de verlo, es que los arbitros deberian dedicarse unicamente al arbitraje profesional y dejar de lado las demas profesiones en las que trabajan.
ResponderEliminarYa ganan buena pasta por arbitrar por lo que deberian echarle mas horas a entrenar.
AL SEÑOR CARLOS le tendrá respeto alguien cuando escriba algo, no mierda de esta forma.
ResponderEliminarsi tienes hipoteca la pagas con 1, 2 o tres trabajo o el sr carlos como es rico . impresentable.